Hay lugares que te recuerdan por qué haces lo que haces.
Nuestro primer piloto no fue en una sala equipada con proyectores ni en un laboratorio de computación. Fue en la zona rural de Quillota, Región de Valparaíso, en una escuela que durante diez años ha apostado por algo distinto: aprender sin pantallas, sin dispositivos, sin tecnología.
Se llama Escuela Bosque Libre. La dirige Gastón Correa, y desde sus inicios ha construido una propuesta educativa que integra la diversidad de habilidades desde una perspectiva no academicista. Aprender con el cuerpo, con la naturaleza, con los otros.
Y esta vez, quisieron abrir una puerta nueva.
La curiosidad como punto de partida
Cuando los niños y niñas supieron que vendría algo llamado “Cubo”, las preguntas no tardaron en llegar.
¿Cómo es? ¿De qué tamaño? ¿Qué hace?
Pero había una pregunta que se repetía más que las otras, la que llevaban todos por dentro aunque no siempre la dijeran en voz alta:
¿Vamos a poder manejarlo nosotros?
Esa pregunta lo dice todo. No era una curiosidad pasiva frente a un objeto nuevo. Era una pregunta de agencia, de protagonismo. Querían saber si ellos —con sus manos, su voz, su cuerpo— podían tener el control.
Esa es exactamente la pregunta que i-labs quiere provocar.
Antes de mover a Cubo, nos movimos nosotros
No llegamos y pusimos el robot en el suelo. Primero jugamos.
Una de las cosas que más nos sorprende en cada experiencia es cuánto cuesta entender que la izquierda del robot no es la nuestra. Cuando Cubo está frente a ti, su izquierda es tu derecha. Parece simple. No lo es.
Por eso comenzamos con actividades de coordinación motora: el grupo moviéndose, dando instrucciones, descubriendo en sus propios cuerpos lo que después le pedirían a Cubo. Es pensamiento computacional antes de tocar el robot. Es la diferencia entre dar una orden y entender por qué esa orden funciona.
Para la ocasión, también le dimos un upgrade de colores a Cubo. Llegó listo. El escenario estaba preparado.
Era el momento de la etapa uno: mover a Cubo en el tablero.
Y ahí apareció el verdadero desafío.
Lo que no esperábamos
En i-labs sabemos que el error es parte del aprendizaje. Lo decimos, lo diseñamos, lo sostenemos pedagógicamente. Pero en este piloto, el desafío no vino de donde lo esperábamos.
La segunda parte de esta historia —lo que ocurrió cuando Cubo comenzó a moverse— la contamos en el próximo capítulo.
Porque algunas cosas hay que vivirlas en orden.
